Todo empezó con un perfume, tal vez no lo sabes, mi querido lector, pero mi
debilidad son los perfumes. El año empezó con una obsesión casi brutal por la
búsqueda de lo que yo denominaría “mi aroma”. Necesitaba encontrar el perfume
justo que pudiera reflejar quién soy. Estaba obsesionada con la búsqueda;
quería algo nuevo que reflejara mi esencia y pasé por Prada, Chanel, Narciso
Rodríguez e incluso Tom Ford. Hasta que finalmente lo encontré, o al menos eso
pensé: un perfume que pudiera reflejar mi personalidad, L'Interdit, una icónica
fragancia femenina. La verdad, te soy honesta, no tenía ni la menor idea de lo
que significaba el nombre en francés; sin embargo, cuando rozó mi piel pensé
que esa, esa podría ser mi fragancia y descubrí que había sido creada para
Audrey Hepburn, un perfume que simboliza la audacia y la transgresión de las
normas y cuyo nombre proviene, según información vertida en internet, del hecho
de que Audrey habría prohibido a la casa Givenchy la comercialización del
mismo.
Pero este artículo no es sobre un perfume, no,
es sobre la búsqueda, la búsqueda de algo que capte nuestra esencia. Cuando
eres tantas cosas al mismo tiempo, incluso encontrar un perfume que te defina
se torna una tarea fantásticamente tortuosa para la nariz. Cuando llegué a casa
y la usé descubrí que era demasiado floral para mi gusto y la arrimé en algún
punto de mi armario.
Pero luego de un mes decidí darle una
siguiente oportunidad y aquí estamos, el perfume y yo intentando descubrir:
¿Quién soy? ¿Acaso soy la chica del perfume floral amaderado intenso, o soy la
mujer de Opium o Narciso Rodríguez debe ser parte de mi armario? Entre tanto,
vuelvo a escribir y a encontrarme con mis emociones.
Supongo
que el perfume perfecto para mí debe tener una nota de hierbas afrodisíacas, un
toque de licor entre sus notas, un toque a brisa marina, un algo amaderado, una nota de flores; tal vez
le podemos poner una mezcla de fresas y finalmente debe dejar ese aire de
frescura de sandía y misticismo de conjuros, pero al mismo tiempo dejarte con
las ganas de más. Aún no lo encuentro y he renunciado a la búsqueda; mientras
tanto, llevo puesta encima la mejor esencia: yo misma.
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