Lorena Veliz Yukito
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Renacer

 


Mientras escribo este artículo, escucho una de las canciones más famosas de Michael Jackson, “Billie Jean”. En este escrito no te voy a hablar de la carrera musical de MJ, ni de los grandes hits, ni de la enorme fanaticada que ha generado y seguirá generando con el paso de los años. No te hablaré del fenómeno como tal, porque de eso no nos queda la menor duda. En este artículo no cosificaré a MJ como medio planeta lo hizo mientras estaba vivo, como su propia familia lo hizo, sino que te daré una mirada humana del ídolo.

Quiero que veas al niño solitario, con alta sensibilidad, que creció rodeado de personas que no alcanzaban a comprender su genialidad. Detrás del ídolo existía un ser humano inocente que podía transformar las emociones y experiencias en canciones. Quiero que hablemos del ser humano detrás de la estrella del pop. Pocas personas parecían notar a un pequeño niño que creció con ideas de perfección en su cabeza tan grandes que marcaron su adultez. Más allá del escenario había un ser humano que conectaba con los animales a otro nivel y podía ver en ellos a amigos y compañeros leales que la vida no le dio. Quiero que hablemos del ser humano que, en vez de convertirse en una víctima, se transformó en una leyenda. Quiero que veas al niño juguetón capaz de hacer música mientras canalizaba emociones universales. Quiero que, en este artículo, nos olvidemos de lo famoso que era y nos sentemos junto a él solo para escucharlo y verlo ser un niño con emociones genuinas.

En este artículo quiero invitarte a entrar en las emociones de un niño pequeño que, desde temprana edad, debió estar tras los reflectores, rodeado de un conjunto de personas que podían sentir las letras de sus canciones, pero no sentirlo a él. Él podía sentir al mundo de una manera que a veces dolía y otras veces lo extasiaba. Él conectaba con algo más allá del todo. Él podía ver más allá de lo material. Él podía leer corazones, él podía tocar esos corazones.

Quiero que, por una vez, podamos ver más allá de las letras, más allá de la melodía, más allá de lo que él era capaz de hacernos sentir. Quiero que veamos su altruismo, su sensibilidad humana. Detrás del ídolo había un ser humano que no era perfecto, pero era demasiado humano para la raza humana. Pues ese hombre era capaz de percibir el sentimiento humano y conectar mientras las personas solo corrían a tomarse fotos con él y pedirle autógrafos. Estoy segura de que él también quería ser visto al menos una vez. Por eso, hoy, en este artículo, te invito a abrazar al pequeño niño que habita en cada una de las canciones de Michael Jackson, pero también a sus demonios, y te invito a dar una mirada más allá del ídolo.


 



El amor es, sin lugar a dudas, uno de los sentimientos más sublimes. Mientras el deseo sexual es arrasador, el amor es calmo y paciente. El amor y el deseo sexual no se excluyen; sin embargo, el amor es más duradero que el deseo. Mientras el deseo sexual se disipa con facilidad y muchas veces puede traducirse en algo superficial y totalmente egoísta, el amor es solidario y despierta en el ser humano las acciones más constructivas.

El amor es felicidad ,es esa fuerza inspiradora y transformadora que dirige las acciones humanas hacia un bien mayor. Algunas de las características del amor son el altruismo, la empatía y la capacidad humana de ponerse en el lugar del otro. El amor no es la renuncia a uno mismo, sino la unión de dos fuerzas, de dos esencias únicas, para construir algo mayor y más grande.

El amor no es la búsqueda del interés personal, sino del bienestar de la otra persona; no por sobre el bienestar propio, sino en armonía con las necesidades de ambas personas. El amor no mira con los ojos de las tendencias, las modas o las formas; por ello, se puede tornar hasta cierto punto inexplicable, pues las fuerzas que lo despiertan no responden a la lógica.

El amor mira al otro desde lo más profundo de su esencia, con una mirada capaz de valorar y apreciar el mundo de la persona amada desde la más profunda comprensión de la unicidad de su belleza. El amor no intenta arrancar la flor del jardín, sino que la abona y la riega para hacer de ella la flor más colorida del jardín.

El amor no te absorbe la luz: la multiplica, la potencia, la inspira. El amor real no es utilitarista, mentiroso ni codicioso; por el contrario, busca servir desde el más profundo desinterés. Y, aunque esto suene a cliché, realmente deseas que esa persona esté bien por sobre todas las cosas.

El amor no es vengativo, sino comprensivo. El amor es la luz en los corazones de las personas y, aunque suene a cliché, es el faro que guía las acciones en la oscuridad más profunda. El amor no juzga, sino que comprende. El amor no teme, porque tiene la certeza de que al final todo siempre saldrá bien. El amor es equilibrio y bienestar.

El amor ve el mundo que le rodea desde una lupa que magnifica todo lo bueno. El amor real se mantiene en el tiempo o se transforma. el amor real no devora sino que ilumina.

 


Creo que ver a Lorena enamorada es como ver pasar el cometa Halley. Yo no diría que ella es fría o no tiene corazón; es que las formas y maneras que ella tiene de enamorarse son tan raras, tan inusuales, que un día de pronto solo pasa. ¿Podríamos decir que ese es su superpoder? Es una probabilidad que sea una de pocas mujeres que no caen rendidas ante una gran apariencia física, dinero o lo que sea que los que la rondan puedan ofrecerle. Sin embargo, las formas y maneras en las que Lorena se enamora son, por decirlo, inusuales e inexplicables; digamos que no hay una manera de determinarlo. Lo único que se sabe es que las formas en que ella se enamora pueden resultar bastante caprichosas, teniendo en cuenta que solo ha amado una única vez. Se torna casi incomprensible el saber cómo funciona su dinámica del enamoramiento.

Si nos atreviéramos a conjeturar, el modo en que ocurre ese suceso inusual podría ser una mirada, un susurro, una frase dicha en el momento correcto; podría ser una mente extraordinariamente inteligente en el lugar y momento correctos; podría ser una conversación en una pizzería vintage; podría ser una persona contando su trágica historia de amor; podría ser un gesto en el lugar y momento correctos; podrían ser un ramo de rosas azules; podría incluso ser una conversación trivial acompañada de sus makis favoritos, “los Karage”, que por cierto han dejado de existir; podría ser cualquier cosa y al mismo tiempo no; podría ser un gesto sincero de afecto; podría ser una persona compartiéndole canciones que sean capaces de realmente llegarle al corazón; podría ser un hombre al que ella pueda admirar, pero también, curiosamente, podría no serlo. Lorena podría incluso haberse enamorado en un gimnasio abarrotado de pesas, en medio de una enorme multitud, mirando con admiración al hombre menos musculoso de la sala. Podría ser algo totalmente impredecible, pero lo cierto es que cuando pasa, es allí cuando debemos empezar a rezar a todos los santos y pedir que todos los planetas se unan, porque ese amor no se disipará tan fácilmente: se apoderará de ella, la hará escribir, tener sueños lúcidos con su amado, alabar su frondosa barba. Y lo más curioso es que, así como Lorena un día se enamoró, podría simplemente un día, de la nada, levantarse y dejar de hacerlo, porque hablar de ella es como intentar predecir un cambio climático con la imprecisión de un mal meteorólogo de noticiero de mediodía.

Sinceramente, solo puedo decir que ver a Lorena enamorada es un evento apoteósico digno de un escrito, poesía y sendas publicaciones. Creo que la manera en que ella se enamora es una manera apasionada, entregada, fresca, dulce y, al mismo tiempo, villanesca. La manera en que Lorena te ama es tan única que te puede llegar al fondo del tuétano de los huesos. Pero el misterio radica en cómo pasa ¿Cómo se enamora? y ¿Qué pasa cuando ella se desenamora? ¿Qué ocurre entonces? Eso, mi querido lector, amerita otro artículo, porque este artículo solo intenta descifrar cómo funciona la mente de Lorena para enamorarse.


 


Esta muy de moda entre la horda de adolescentes la palabra “migajero” o “migajera”, según sea el caso, haciendo alusión a animales como las palomas que se alimentan de migajas. Bien, este artículo está hecho para contarte que, contrario a lo que muchos terapeutas y psicólogos afirman, ser migajero tiene muchos beneficios; y ya sabes que yo terapeuta no soy, así que mucho cuidado con lo que voy a verter en este artículo.

Para poder entender los beneficios, haremos dos clasificaciones: el repartidor de migajas y el recolector de migajas, o bien llamado “migajero”.

Definitivamente, los beneficios para el repartidor o repartidora de migajas son muchos, pero citaré algunos de los más importantes. Primero, le subirás el ego a niveles estratosféricos; en otras palabras, si antes de conocerte era un renacuajo de estanque, ahora se sentirá el dueño del estanque todopoderoso. Segundo, el efecto será bastante opuesto a lo que buscas, pues el repartidor de migajas empezará a sentir que, si tiene una paloma migajera, entonces debe ser mucho y puede conseguir muchas palomas migajeras más. Tercero, le darás una muy buena anécdota para contar en sus noches de amigos, algo así como: “¿Te acuerdas cuando fulanita o fulanito vino a rogar debajo de mi balcón con un cartel que decía ‘te amo’?”, y todos sus amigos podrán reírse gracias a ti. Cuarto, y esto sí es bueno, definitivamente te volverás inolvidable por ser la migajera más intensa, pero no por eso la más deseable.

Pero no te preocupes, tú también obtendrás beneficios de ser migajera. Tu mayor beneficio es que será como una vacuna antimigajas: mientras más migajees por alguien, no te quedarán ganas de volver a hacerlo por otra persona. El otro beneficio es que no te quedarás con ganas y no sentirás que dejaste algo pendiente, porque lo diste todo; y cuando realmente ya no queden migajas que recoger en el piso, te irás feliz y, con suerte, dejarás de ser una palomita migajera. Y el tercer beneficio es que tú también, cuando el tiempo pase, podrás contar tus hazañas migajeras entre tus amistades y, con suerte, reírte de tus tiempos de palomita migajera.

Yo no te diré que no lo hagas; ve y hazlo, y disfruta tu época de migajera. Con suerte, con el tiempo verás el ridículo que hiciste por un sapo en el estanque, pero lo importante es que lo hiciste por amor.

 



 

Este artículo está dedicado a mi madre, y no tiene que ser un día especial para escribir sobre una madre. Ella tiene ese tipo de fortaleza dulce que te desarma. Mi madre no es el tipo de madre aguerrida que te enfrentará vociferando o explotará; ella es más bien dulce como un manantial. Ella sabe doblegar la roca más fuerte con su dulzura. Siento que muchas veces su vulnerabilidad me ha parecido una debilidad. Sin embargo, entiendo que detrás de esa mujer vulnerable hay mucha fortaleza, y es esa fortaleza que no se grita; es una fortaleza que se siente. No es el tipo de fortaleza que se ensaya o se exhibe, es una fortaleza que se encarna.

No puedo contar las historias de mi madre, porque solo su corazón las conoce, pero entiendo que, como todo ser humano, tiene su historia, y esa historia no la volvió una mujer más dura, ni siquiera cuando mi padre murió. Ella siempre ha sido, por decirlo así, un bambú que se mece al viento y que te enseña y forma desde la dulzura, porque esa es su manera de amar.

Siento que mi madre es el reflejo de todo lo que habita en mi interior y no me atrevo a aceptar, y que su vulnerabilidad es precisamente su mejor fortaleza. Mi madre es el tipo de mujer que no se queja, no grita, no pierde el control; es más bien la fortaleza más dócil que he conocido. No es porque sea mi madre, pero esa mujer tiene alma de ángel, y ni qué decir de su compasión para los demás. Siento que la razón de ser de ella es que olvida las ofensas y siempre tiene la mano abierta, incluso para quien en algún momento la despreció. La ausencia de rencor en su corazón es una de las cosas que más admiro de ella, y también su orgullo. De ella he aprendido todo sobre Dios, la religión y el buen proceder humano. Dicen que se predica con el ejemplo; mi madre nunca me dio sermones sobre cómo comportarme, ella me lo demostró.

 


 


"Panem et circenses" es la expresión original en latín que se traduciría como pan y circo, y fue acuñada por el poeta romano Juvenal para criticar la manera en que los emperadores manipulaban al pueblo para que no se involucrara en política, brindándoles entretenimiento y comida para mantenerlos satisfechos e ignorantes del futuro de su pueblo. 

Recordé esta frase y pensé, vaya, en efecto aún no ha cambiado nada, aún el pueblo se sigue entreteniendo con comida y el nuevo circo que los mantiene dormidos y dopados es el mundo digital y las diferentes plataformas como YouTube, Netflix, TikTok e incluso Instagram, solo que ahora estas plataformas ya no se usan solo para mantener al pueblo entretenido, sino para manipular la información. 

Estamos frente al quinto poder o el poder emergente que ejerce una enorme influencia en política y consumo. Aduzco esto en relación a las elecciones venideras en mi país, Perú, donde el debate y las opiniones divididas emergen para crear un gran show y las personas pelean por sus diversas posturas en estos medios para así lograr convencer de que su postura política de izquierda o de derecha es la mejor. Generándose así una división social, originada en la controversia del voto, los candidatos se exponen en el ring como si se tratara de una mala obra teatral de sátira; por cierto, una pésima obra teatral de la farsa que mantiene entretenido y al vilo de sus asientos al pueblo, quien luego, como si se tratara de un conjunto de simios, empieza a rascarse las cabezas y saltar de un lado a otro, buscando elegir al mejor candidato. Es solo que a veces pienso, ¿Cómo un pueblo entretenido por la farsa digital puede elegir entre el mejor de los simios a su gobernante? Es básicamente como intentar elegir entre un conjunto de presidiarios al menos pecador. Sin embargo, y aunque no lo crean, de manera casi surrealista, allí alcanzamos a ver a un grupo de personas debatir y fusilarse ideológicamente por intentar elegir al que consideran el mejor simio gobernante.

No sé tú, pero yo me limito a mantener mi voto en sobre cerrado, mientras veo a mi alrededor a los simios saltar, rascarse la cabeza, intentar convencerse y aplaudir frente a una pésima obra teatral en busca del presidente simio.


 


Poner límites no rompe vínculos, evidencia la verdadera naturaleza de los mismos.

Se ha romantizado el hecho de que las personas deben arrastrar con los problemas de los demás; mientras más cargues con la basura de tu entorno, eres más valioso. El sacrificio se ha romantizado a extremos impensables, pero ¿dónde empiezan tus necesidades y dónde termina tu disponibilidad para los demás? Te tengo una buena noticia: las personas que verdaderamente valen la pena son aquellas que, incluso cuando tengas límites claros, saben respetarlos y mantenerse a tu lado. Aprender a decir NO es un acto de libertad personal ejercible por tu propio bienestar.

Poner límites no nos convierte en seres indiferentes a las necesidades sociales, poner límites no daña a las demás personas, protege nuestro bienestar y nos vuelve mucho más productivos. Cuando sabes preservar tu bienestar y salud mental, cuando no te saturas con la basura emocional de tu entorno, es cuando te vuelves mucho más afilado en la toma de decisiones e incluso puedes ayudar de manera más eficiente a las personas que lo necesiten.

Muchas personas no colocan límites para no ser abandonadas, pero lo cierto es que la primera persona a la que abandonas es a ti misma, justo para satisfacer las necesidades de los demás. Ello, en tu interior, se va convirtiendo en resentimiento, y lo peor de todo es que empiezas a pensar que todas esas personas te deben algo y, cuando no recibes algo a cambio, te decepcionas. Pero lo cierto es que nadie te debe nada y, si vives al servicio de los demás esperando reconocimiento o resarcimiento, lo único en lo que te estás convirtiendo es en una bola de favores sin retorno que te generará mucho resentimiento.

Este artículo te exhorta a aprender a decir no, a renunciar a planes a los que no quieres ir y a ausentarte de amistades y situaciones que no te generan algo positivo; y si tu temor es que tus límites hagan que pierdas algo, lo único que harán estos límites será revelar la verdadera naturaleza de tus vínculos. Solo las personas que se beneficiaban de tu falta de límites y te usaban se alejarán; los verdaderos vínculos seguirán manteniéndose saludables y respetuosos. Así que, mi querido lector, aprende a decir no, no quiero, no puedo, no me da la gana y disfruta del mundo de la libertad de poner límites.

 



 Es curioso cómo te alejas de una persona solo porque sabes que esta puede ocasionar un incendio en todo tu ser, o que un solo roce subiendo la escalera de un gimnasio puede moverte hasta el alma, o el simple hecho de verlo sonreír al saludarte al cruzar la calle hace que tirite tu alma entera. Pero entonces, de pronto, están besándose, recorriendo los pasillos de algún edificio gubernamental, mientras le preguntas por las golosinas que lleva en el bolsillo y te dice que las ganó en un conjunto de juegos con sus sobrinos, y le repreguntas una y otra vez por ello hasta que él te mira y te dice: ¿estás celosa? No respondo yo, y empezamos a correr los pasillos, escondiéndonos del mundo, mientras por primera vez nuestras manos se rozan de manera accidental, nos tomamos de la mano y es entonces cuando finalmente, en medio de un pasadizo de granito, abajo del sótano de las pinturas más valiosas del gobierno, me besas, y por primera vez puedes sentir cómo es un fuego intenso. ¡Ardes!, me dices, y nos volvemos a besar infinitamente, intentando absorber nuestra alma en cada beso. Me coges de la mano con más fuerza y me arrastras hacia tu cuerpo de la manera más voraz mientras caminamos a ciegas entre besos. Hemos llegado al fondo del pasadizo y allí, tú y yo, debajo de las escaleras, empezamos a quitarnos lo que estorba: la ropa, pero mientras nos besamos intuimos que la moral nos gana, no podemos, no es correcto, alguien puede encontrarnos en cualquier momento, no podemos, pero nuestras manos sudan. Me sudan las manos, te digo, estoy temblando, y me sigues besando el cuello con el ímpetu de un hombre lleno de fuego en el alma, y te sigo besando con el ímpetu que solo una mujer en celo puede expresar, y te sacas la camisa y por primera vez veo el fuego de la incineración en nuestras miradas. Cuando lleguemos a casa te haré infinitamente mía, me dices mientras me das un beso en el rostro y te la vuelves a abotonar al escuchar unos pasos bajar las escaleras. De pronto despierto en mi cama y me pregunto cómo rayos te metiste de ese modo en mi cabeza.


 


Los tiempos han cambiado, la sociedad ha evolucionado o involucionado según sea el caso; las redes sociales te saltan con sus alertas y, de pronto, mientras estas sentado en el escritorio de tus humanas tareas, te salta una notificación con una publicación, y es alguien intentando atrapar tu atención con una nueva expresión superficial de su ostentosa e irreal vida. Entras, observas y, de pronto, no sabes como o bajo que circunstancia el minuto se convirtió en media hora o en una hora; los videos cortos han robado tu atención y te has convertido en un consumidor digital más, y, aunque en ese momento no lo notas, lo cierto es que acabas de pagar esa distracción con el precio más alto dentro de un presupuesto que ni siquiera sabias que tenias: has sacado de tu bolsillo monedas de tu valiosa atención y las has tirado a la basura.

Ver la ultima publicación te quitó el enfoque y, de pronto, terminas distraído de ti mismo o, ¿tal vez tu vida es tan miserable que debes escapar al mundo digital para fumarte un poco de dopamina y volver al ruedo?

En esta constante evolución social, tu atención es, por poco, lo que menos te pertenece; esta atrapada, secuestrada, adoctrinada por el algoritmo de la sociedad digital. Eres un consumidor más en un mundo que se mueve por likes y reacciones; eres un esclavo atrapado en el scrolling de tu propia monotonia, y somos nosotros, los creadores de contenido, quienes curiosamente nos beneficiamos de esos agujeros en tu presupuesto de atención. Si llegaste hasta el final de este corto articulo, gracias por pagarme con la moneda mas valiosa; después de todo, como dice un dicho, si no puedes contra ellos, únete. Hagamos una tertulia virtual y hundámonos en el suculento placer de la dopamina digital, demonos likes, observémonos, pero no sucumbamos a la debilidad de la aprobación social; en medio del bullicio, preserva tu centro; en medio de la lluvia de superficialidad, vuelve a ti y recuerda que tu vida aún importa y que, después de todo, solo es entretenimiento, y si hay que saber estar y no estar, no te pido renunciar porque esta nueva sociedad es irrenunciable, pero el truco real es dosificar. Salud, mi querido lector, ¿te sirvo otra copa de aprobación o tal vez una copita de dopamina? La casa invita.



 



Sólo escribo sobre lo que me toca, sólo escribo sobre lo que me duele, lo que me hace feliz, lo que me extasía, lo que me maravilla, lo que me inspira o lo que me atemoriza. Y hoy escribo sobre él.

Es curioso que la noticia de su muerte me haya tocado de esta manera, si lo único que tengo de él son sus libros.

De pronto escuchas: “Son las 10:09 de la mañana y tenemos el triste deber de informar del fallecimiento, hace más de una hora, de Alfredo Bryce Echenique”, y entonces piensas: se murió.

Y lo primero que recuerdas son los libros que leíste.

Entonces recordé mi infancia, con sus libros entre mis piernas mientras sostenía un chupetín en mi boca, en una tarde en que el sol entraba por mi ventana y yo devoraba, con mi mente hambrienta, El huerto de mi amada: esa expresión del amor casi obsesivo de Carlitos, perdidamente enamorado de Natalia, una mujer mucho mayor que él, en medio de la decadencia de la aristocrática sociedad limeña de antaño.

O la primera vez que llegó a mí su libro La amigdalitis de Tarzán y, sólo viendo el título, pensé que el autor era un bromista de mal gusto que, casualmente, despertaba mi curiosidad. Y terminó envolviéndome con la historia de amor que narraba.

Y ahora ya no está. Ya no podrá crear ni escribir más. Ya no tendremos cosas originales de él.

Pero entonces eres consciente de algo más, como una enorme revelación: un escritor es inmortal.

Las personas que crean cosas desde el sentimiento son inmortales, porque pueden ser leídas e interpretadas hasta el fin de los tiempos. Su alma queda impresa en sus obras; en el caso de los escritores, en los libros.

Sólo los seres humanos capaces de sentir en tal magnitud son capaces de plasmar obras que los sobrevivirán en el tiempo.

Y entonces mi tristeza se disipa para convertirse en esperanza y, en medio del shock de la noticia, pienso que tal vez, sólo tal vez, debo volver a leer una vez más Un mundo para Julius y recordar la gran capacidad de este escritor para retratar, de manera casi radiográfica, los matices de la sociedad limeña y las brechas sociales entre sus personajes, saboreando cada una de sus palabras como si él aún estuviera entre nosotros.

Porque lo cierto es que eso es verdad: él no ha muerto, sigue aquí.

Y entonces, sólo entonces, comprendo que esa es la misión de un escritor: sobrevivirse a sí mismo a lo largo del tiempo y que alguien —o muchas personas— algún día cojan su libro y piensen, y entiendan, y se metan, o al menos intenten meterse por un momento en el mundo creado para el lector.

Sólo tengo que decir: gracias y hasta pronto, querido Bryce.

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Puedes llamarme escritora pues escribir es una de mis tantas adicciones, en mis libros exorciso demonios y en mis frases escribo sobre el hermoso viaje de la vida, puedes decirme podcaster, en "Despierta Carajo" te despierto de la matrix a partir de mis experiencias personales , valoro por igual seres humanos y momentos pero no soy un libro abierto tengo capítulos censurados. En esta página comparto mi trabajo personal e intelectual. Pues hablo a través del corazón de mis escritos. Mi bandera vital es la pasión y el corazón en absolutamente todo lo que hago. Te invito a disfrutar un poco de este mundo pasa siéntate y ponte cómoda o cómodo según sea el caso, es tiempo de que te sumerjas en esta pequeña parte de mi mundo personal que abro para ti con mucho cariño.

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