Lorena Veliz Yukito
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Renacer

 


En un mundo tan materialista que nos deslumbra con la magia del lujo —y no digo que ser materialista sea malo ni desprecio el lujo; mi querido lector, soy una amante del lujo y la riqueza material, ojo con ello—, pero en un mundo de personas más interesadas en lo material que en lo espiritual, quiero, a través de este escrito, exhortarte a la rebeldía.

Pero no cualquier tipo de rebeldía. No te incito a quemar llantas en protestas, ni a pintarte el cabello de azul, ni mucho menos a desnudarte frente al Louvre. Te invito a tener un tipo de rebeldía distinto: una rebeldía que acepte que nos gusta la buena vida y las cosas mundanas; una rebeldía que abrace nuestra afición por el sexo sudoroso y un buen banquete; una rebeldía que nos permita ser un poco soberbios, un tanto avariciosos, un poco lujuriosos, algo golosos y, ¿por qué no?, tantito perezosos.

Pero no me malentiendas. Esta rebeldía de la que te hablo es una rebeldía bastante distinta, porque te invita a aceptar toda la oscuridad en tu interior y a abrazar un poquito de ella como parte de ti. Pero, al mismo tiempo, en compensación, te pido que reconozcas el otro lado detrás del «pecado». En otras palabras, te pido que aceptes que eres tanto luz como oscuridad. Y eso, eso, mi querido lector, no está nada mal, porque resulta que no hay nada de malo en ser, al mismo tiempo, luz y oscuridad, pues somos precisamente esa dualidad.

Si podemos aceptar nuestra oscuridad, ¿por qué no podemos aceptar nuestra luz?

Y si nuevamente vuelvo al inicio, en una sociedad como esta, te invito a ser tan rebelde que, en un mundo de corazones rotos, amantes frustrados y rechazos, tú sigas creyendo en el amor. Pero no cualquier amor, no. Quiero que seas sumamente rebelde; quiero que creas en el amor romántico, en ese que regala rosas, en ese amor que te escribe un libro dedicado, en ese amor capaz de escucharte en silencio mil veces la misma historia solo porque sabe lo mucho que te gusta contarla, en ese amor que siempre pensará bien de ti y te escribirá poemas, en ese amor que construye jardines en honor a su amada, en ese amor capaz de dejar un Taj Mahal para inmortalizarte. Quiero que sigas creyendo en el amor que lo cura todo, incluso ese corazón roto que alguien te dejó.

Te doy permiso para sentir todos tus deseos pecaminosos y abrazarlos, pero también quiero que reconozcas que, si puedes abrazar tu egoísmo bajo la falsa filosofía del «amor propio», ¿por qué no puedes abrazar tu bondad?

Sé jodidamente rebelde, que no te dé miedo amar con el alma abierta. Sé tan jodidamente rebelde que no te dé miedo ayudar sin esperar nada a cambio. Sé tan jodidamente rebelde que la sociedad empiece a pensar que perdiste la cabeza mientras tú sigues hablándoles de amor romántico en pleno siglo XXI. Sé tan jodidamente rebelde que las personas se pregunten cómo, después de un corazón roto, tú sigues creyendo en el verdadero amor. Sé tan jodidamente rebelde que las personas a tu alrededor empiecen a pensar que, en verdad, eso sí es posible.

 









 ¿Por qué buscáis entre los muertos al que vive?

Existe una emoción que vibra desde lo más alto de nuestra existencia. Cierras los ojos y tu corazón late fuerte, con una potencia estremecedora. Late en calma, disipando toda la incomodidad. Estás en medio de la nada y solo puedes sentir a tu corazón latir, apagando cualquier otra emoción.

Entonces conectas con el futuro, pero ya no es futuro: es presente. Y se siente aquí. Te embarga la paz y la sensación de saber cómo esta energía inunda tu cuerpo. Entonces ya no hay más que esa sensación: has dejado de buscar.

¿Por qué buscarías algo que ya encontraste? Algo que sientes en tu interior, algo que es parte de ti. ¿Por qué buscarías esa sensación que ya está contigo?

Y cierras los ojos y sientes cómo te pierdes en medio de la luz de tu propio ser, mientras sientes cómo tu corazón bombea luz a todo tu cuerpo.

“Me haces volar, me haces soñar, me haces sentir que hay esperanza una vez más”.

Y finalmente sueltas, porque sabes que no puedes sostener aquello que ya le pertenece a tu alma. Porque ese amor siempre vivió en tu interior y siempre fue parte de ti; solo necesitabas conectar con él y sentir el brillo de la emoción en tu ser.

“Nos dimos todo lo que se nos dio, nos dimos todo eso y mucho más… Brillas y brillas tan lindo”.

El amor es lo más cercano a estar cerca de Dios. El amor carece de egoísmo. El amor perdona, el amor suelta, el amor avanza, el amor evoluciona, el amor confía. El amor es fe, es esperanza, pero, sobre todo, el amor son los buenos deseos que mandas al mundo en forma de pensamientos a favor de los seres humanos.

El amor es todo lo bueno, lo bonito y lo agradable. El amor es calma. Es esa sensación de poder cerrar los ojos y saber que, al final, todo estará y está bien, aquí y ahora.

El amor tiene la certeza de que todos los seres humanos que pasaron por tu vida merecen ser felices y bendecidos en sus vidas. El amor son las buenas intenciones que envías a esas personas. El amor es querer el bien absoluto del prójimo. El amor es buscar conectar con el más profundo altruismo en tu interior.

Es la sensación de soltar el volante y dejarte llevar por una fuerza invisible más grande. Es, simplemente, ser y confiar en que existe algo más grande que ilumina el camino de todos para su mayor bien.

 

 


Todos tenemos un ex, un ex amigo, ex colega, ex amante, ex prometido, ex jefe, ex esposo, la misma palabra corta de dos letras lo dice: ex es alguien que fue, pero ya no es, alguien que perteneció a una época y un momento de tu vida, pero no pertenece más. Un ex es alguien con quien compartimos vivencias, momentos y emociones en un determinado momento, temporada o época de nuestra vida.

En muchas ocasiones se suele satanizar la palabra ex como un concepto demoníaco de algo que dejó una marca maligna en la vida de una persona y, en otras ocasiones más sensatas, simplemente se denomina ex a lo que fue.

Este escrito es una oda a esos ex, esas personas que fueron parte de nuestra vida en su rol de amigos, amantes, colegas o prometidos y que cumplieron su ciclo. Ninguno de ellos merece ser demonizado, incluso cuando hayas tenido la tentación de prender una hoguera y quemarlos a todos, creando una especie de preparado raro lleno de personas que descartaste de tu vida. No digamos que estas son personas que deban ser juzgadas o vilipendiadas, incluso cuando hayas, en tu furia, decidido escribir algún libro mandándolos a la mierda.

Es necesario agradecer que esas personas ya no son más parte de tu vida y a quienes, en algún momento de tu vida, elegiste para formar parte de ella. Este artículo está más bien orientado a reconocer la responsabilidad de tus propias elecciones sobre las personas que dejas formar parte de tu vida. Esta es la manera que tengo de decirte que, si algunos de esos “ex” te traen recuerdos poco gratos, primero debes reconocer el poder que tienes, y es que ellos no entraron a tu vida solos, tú los dejaste entrar, pero también, en este punto, debes reconocer el poder personal que tuviste para cerrar la puerta cuando fue necesario o para irte con la dignidad intacta cuando te cerraron la puerta en la cara. Y es que necesito que te des cuenta de algo: existen infinidad de perspectivas de una misma situación, pero así como tú tienes ex, tú, mi querido lector, también eres el ex en la historia de alguien y, por ende, también fuiste parte de la vida de alguien en su momento y compartiste sus vivencias y su mundo, porque existen mil maneras de interpretar una misma historia y, así como tú tienes tus “villanos”, podrías, sin querer, ser el “villano” en la historia de alguien. Entonces, simplemente agradezcamos el tiempo que fue, miremos al horizonte con nuestras maletas en la mano y sigamos el camino de la vida, agradeciendo por cada  persona que permitimos entrar en nuestra vida y que no forma más parte de ella.

 


 


"In the end we only regret the chances we didn´t take"

En más de una ocasión he mencionado las infinitas posibilidades que conlleva una decisión. El camino del ser humano está lleno de decisiones y todas ellas nos llevan a infinitas posibilidades. “La balada de Cleopatra” es un cortometraje musical que te lleva por el sendero de esas posibilidades en la vida de una sola mujer, pero este artículo no es para indagar sobre la magistral forma en que Lumineers decidió presentarnos la historia de la primera mujer taxista de la República de Georgia, que inspiró un conjunto de canciones en una sola balada, sino que me quiero sumergir dentro de la emocionalidad del video de una taxista que nos lleva por la carretera, en el camino de su historia y lo que fue y pudo ser.

Mientras camino por las calles de Lima veo pasar los buses, las personas, imagino sus historias y me sumerjo en las sensaciones musicales que produce este tema: desde la nostalgia, la reinvención, la separación ,el duelo, el inicio de una vida nueva, la libertad, el éxtasis del amor, las locuras de la juventud, la pasión y la vitalidad, la senectud  y acompaño a Cleopatra como una testigo omnisciente, observando su propia historia. No creo que Cleopatra, el personaje que se presenta en el tema, haya sido plenamente feliz con todas sus decisiones. Creo que, en algunos momentos de su historia, fue bastante cobarde, pero trató de hacer lo mejor que pudo. Podría describirte en este artículo, una a una, las canciones del tema, pero mejor te diré lo más importante que nos enseña la taxista con su historia, y es que, por más que existan infinitas posibilidades, son las acciones y decisiones que tomamos ahora las que definen el rumbo de nuestra historia. ¿Qué tan valientes somos para ir por lo que queremos en la vida? ¿Qué tan capaces somos de escribir nuestra historia a nuestra manera? ¿Qué tanto deseamos algo como para ir por ello? Siento que la vida de Cleopatra no fue mejor ni peor; simplemente fue la vida que eligió, lo que la convirtió en una mujer fuerte, decidida, que manejaba un taxi y escuchaba a pasajeros al azar mientras traía su propia historia guardada en fotografías y recuerdos.

Ahora se trata de nosotros. ¿Qué tan capaces y valientes somos para tomar esas decisiones que dirigirán el camino de nuestra vida? Entonces ya no se trata de una taxista conduciendo un taxi, sino de un banquero construyendo una carrera, de una mujer embarazada sentada en un vuelo rumbo a Atlanta, de un barrendero soñando con un nuevo trabajo como actor y con el valor de ir por ese sueño. La Balada de Cleopatra es eso: ver la vida de principio a fin y entender que el futuro es ahora, porque al final no hay decisiones correctas o incorrectas solo infinitas posibilidades en una sola vida.

 




Leí La Odisea cuando era apenas una niña de once años. Encontré el libro en la biblioteca de mi casa y, sinceramente, en ese momento podría decir que no presté atención a muchos detalles. Y es que La Odisea es un libro que puede ser leído y releído infinitas veces y, aun así, encontrarse aspectos nuevos que analizar. En esta ocasión, me limitaré al aspecto puramente carnal, mi querido lector.

Porque son tres las fuerzas que impulsan la acción humana: el sexo es la primera fuerza, el amor es la segunda y la tercera no me acuerdo. Pero, desde mi perspectiva, las dos primeras fuerzas fueron las que rigieron y dieron valor al héroe ficticio Odiseo para regresar a casa con su amada Penélope, quien lo esperó virginal en el palacio, rodeada por un montón de pretendientes que ansiaban el trono y, con él, a la reina.

Porque, claro que sí, mi querido lector, mientras Penélope esperó durante veinte años y resistió los últimos tres a sus ansiosos pretendientes, tejiendo y destejiendo un sudario fúnebre, Odiseo luchaba por regresar a casa y se encamaba —bueno, mejor dicho, copulaba— con la hechicera Circe. Y, no contento con eso, se convirtió en el amante de Calipso. Me dirás que no es su culpa porque Calipso lo encantó, y estaré de acuerdo contigo; no ataquemos al buen y abnegado héroe de Homero. Pero todo eso, claro, pasaba mientras la abnegada y virginal Penélope esperaba, rodeada de complots para arrebatarle el trono de Ítaca.

Todo ello me hace preguntarme, mi querido lector: ¿y qué tal si la que hubiera caído en manos de un dios hubiera sido Penélope, quien hubiera permanecido encantada por ese dios durante siete años mientras Odiseo luchaba por regresar? ¿Y qué tal si Penélope hubiera disfrutado de los placeres sexuales de otro cuerpo, el cuerpo de un dios musculoso y portentoso, mientras esperaba a su Odiseo, sabiendo, eso sí, que él era su único y verdadero amor? ¿Habrían sido los lectores igual de permisivos con los pecadillos carnales de Penélope como lo fueron con los pecadillos carnales que cometió nuestro héroe ficticio mientras vivía una idílica luna de miel con la diosa Calipso durante siete años?

También me gustaría pensar qué habría pasado en el libro cuando Penélope, al retorno de Odiseo, le hubiera preguntado a su amado: «¿Qué andabas haciendo los últimos siete años antes de volver conmigo?». Y él le hubiera contado de su pérdida de memoria en la cama de Calipso. O qué tal que, a su regreso, Odiseo se hubiera enterado de que su esposa también perdió la memoria, como él, y se acostó con un dios durante siete años. ¿Habría sido Odiseo igual de permisivo que Penélope con él?

No podemos quitarle el mérito al libro como tal ni a las peripecias del héroe de Ítaca por regresar a su tierra. Claro que es un relato épico; ciertamente, eso es lo atrapante. Pero la obra, de manera implícita, está movida por las dos fuerzas que te mencioné al inicio: el amor y el sexo. El sexo hizo que Odiseo cayera en los brazos de Circe y Calipso, y el amor hizo que retornara con Penélope.

 

 

 



Mucho se habla de los hombres que rompen corazones y matan ilusiones de ingenuas mujeres; mucho se describe a estos seres como malvados, narcisistas, egoístas y manipuladores, o cualquier otra etiqueta que sirva para ponerlos bajo la categoría de malos. Pero poco se ha dicho de las mujeres. ¿Es que acaso las mujeres siempre son unas santas? ¿Es que acaso solo son nuestros congéneres masculinos  los malos de la película en nuestra sociedad? Y, como yo soy muy justa y mi balanza no se inclina solo para un lado, este escrito está dirigido a esas mujeres narcisistas, mentirosas, malvadas, controladoras y manipuladoras que no son lo que parecen y que, a lo largo de la historia, han coexistido con los villanos de la película.

Solo por mencionar algunas de las mujeres malvadas de la historia, empecemos por Dalila, la mujer que logró seducir y traicionar el secreto que Sansón le revelara en medio de la intimidad de la alcoba. Interesada como nadie, Dalila traicionó a uno de los hombres más fuertes de la historia de la Biblia por dinero. Y, si hablamos del mundo de la política, mencionemos a Wu Zetian, la única mujer que gobernó China y que barrió con todo a su alrededor, incluidos sus propios hijos, nietos y familiares, para hacer valer su poder. ¿Dime si eso no es maldad pura? Podría mencionar una lista muy extensa de mujeres malvadas a lo largo de la historia y, muy probablemente, todas compartan el mismo final: la muerte. Pero quiero llegar con esto a lo mismo: en un mundo donde se ataca de manera terrible a los hombres, las mujeres no están exentas de caer bajo sus bajas pasiones; sino, no existirían historiadores que hablaran de los sendos romances de Elizabeth Taylor y cómo cambió de esposos como se cambia de camisa. Y es que, en un mundo que ha demonizado a los hombres y victimizado a las mujeres, es importante aclarar que las mujeres no siempre son víctimas, sino, por el contrario, algunas de ellas supieron muy bien aprovechar su condición para lograr cuanto deseaban, aun a costa de los amantes de turno.

Es, pues, mi querido lector, el encanto de una mujer, en mi opinión, la trampa más letal que puede existir para aquellos hombres que sean tan débiles como para sucumbir a la naturaleza de sus deseos carnales. Un ejemplo es Mata Hari, que, en los fragores de la Primera Guerra Mundial, consiguió obtener información de generales de alto nivel en medio de las peripecias de la alcoba, o eso dicen las malas lenguas, aunque otras personas afirman que ella solo fue un chivo expiatorio. Pero, si dudas de ella, entonces recuerda a Cleopatra. Y si el mito de la belleza cae con ella, porque las mujeres pueden ser lo suficientemente inteligentes y estrategas para lograr lo que hizo la exfaraona egipcia, que logró expandir su imperio mientras seducía y tenía un hijo con Julio César y, tras el asesinato de este, buscó aliarse y seducir a Marco Antonio. En fin, los detalles de la historia los sabes o los puedes investigar. El hecho es que las mujeres no están exentas de maldad, narcisismo, egoísmo o como sea que se les quiera llamar. Las mujeres han demostrado, a lo largo de la historia, el saber cómo moverse en el mundo, y este escrito no es para ensalzarlas, sino para recordarles  que, así como existen “villanos”, también existen “villanas”.

 


 


Mi querido lector, como habrás podido notar, si eres un asiduo seguidor de los escritos de esta página, no soy una escritora convencional que se mantiene escribiendo sobre el renglón; de hecho, me gusta mucho salirme por los márgenes, y ello implica que puedo escribir sobre casi cualquier cosa que se me antoje. Eso no significa, por supuesto, que pueda escribir a la perfección sobre todo; tengo temas que son mi punto fuerte, sin lugar a dudas.

Sin embargo, este escrito va orientado a la reflexión sobre las dinámicas sociales y la conducta humana, uno de mis grandes apasionamientos, por cierto. Y hoy día diseccionaremos a uno de los personajes que en mi humilde opinión es uno de los más peligrosos de la especie humana. Y es que, contrario a lo que la mayoría de la gente sospecha, porque usualmente huyen del tipo tatuado, vestido de motociclista, para caer en manos del hombrecito vestido de traje y lentes que resulta ser un asesino serial que los aniquilará a la vuelta de la esquina, hay un tipo de persona que es realmente peligrosa, nociva y venenosa para la sociedad. Es el tipo de persona que se camufla atrás de las sombras y se alimenta de la pena como si fuera un parásito. Es precisamente el tipo de persona del cual el común denominador de la sociedad no sospecharía; el que parece más indefenso, vulnerable y lleno de miedos. Es el tipo de persona que se esconde atrás de una historia triste. Es justo el tipo de persona en la sociedad con la que debemos ser más cautelosos, porque no existe mejor forma de manipulación y control que provocar pena y conmiseración, y no existe mejor disfraz que el de la víctima y no hablo de personas que realmente sufrieron y atravesaron esas tormentas hablo de otro tipo de personas.

Sin lugar a dudas, mi querido lector, en algún momento de tu vida has tenido una etapa de víctima, pero has optado por salir de allí como un ser humano emocionalmente saludable lo haría. Sin embargo, estas personas que te menciono se regodean en el rol de víctimas y han descubierto que pueden sacar provecho de la sociedad y de las personas a su alrededor. Este tipo de persona se alimenta de la empatía humana, la drena, la chupa, la convierte en parte de su sustento vital. Es el tipo de persona que busca irradiar lástima y conmiseración, pero que, debajo de una hermosa piel de cordero, esconde un lobo sediento de tu sangre vital. Es el tipo de oveja capaz de atacar a su propio pastor para engullirse al resto del rebaño.

Y sí, es justo este el tipo de persona más peligroso, porque consumirá tus recursos tanto como pueda y, cuando se acabe la fuente que le ofreces, te dejará agotado y confundido para ir a buscar otra fuente de recursos. Este tipo de seres se escabuyen en la sociedad bajo el disfraz de un triste mendigo que camina en harapos, rogando por tu conmiseración y empatía, para luego entrar y asaltar tu espacio vital, adueñarse de tus recursos materiales y emocionales y, si no tienes la suficiente inteligencia emocional, no lo notarás a tiempo. Pero, si estás leyendo este artículo y conoces a alguien así, huye de ese lugar, porque esa persona aspirará todas tus fuerzas, tus ganas de vivir, tus sueños y tu identidad hasta dejar un esqueleto emocional de lo que conoció. Cuando tu intuición te grite que tienes un lobo disfrazado de oveja en el corral, huye en medio de la oscuridad y deja abandonada a esa bestia a su suerte, porque no importa cuánto amor reciba un lobo, siempre será una bestia que podría atacarte y matarte en medio de la noche, porque esa, mi querido lector, es su naturaleza.

 




 


¿Y si te dijera que tú vales para el mercado mucho más de lo que imaginabas? ¿Y si te dijera que tu valor incrementa mientras más solo y desconectado estés? Probablemente me dirías: "Pero, ¿qué locura estás diciendo, Lorena?". El mercado de hoy en día ha ido evolucionando tanto que ya no es necesario que salgas o te relaciones para tener necesidades. Te ponen cómodo en el sillón de tu casa para crearte mayores necesidades. Paradójicamente, mientras más solo y cómodo estás, te conviertes en alguien incluso más valioso para el mercado de consumo. Scrolleas un poco y, sin saber cómo, el aburrimiento te ha llevado a comprar algunos productos en Amazon, Shein o cualquier plataforma que esté al alcance de tu dedo.

Si no quieres salir de casa, no te preocupes, no tienes que hacerlo. Lo llevamos todo donde ti, de ese modo no tienes que incomodarte en lo más mínimo. Ya no vayas al cine; por una cómoda suscripción te ofrecemos lo necesario para que disfrutes de todos nuestros servicios sin salir de casa. Pide ese matcha a tu app de delivery favorita, compra ese sillón en oferta, compra una suscripción a tu música favorita y, si te sientes demasiado solo, agenda un viaje internacional, págalo en cómodas cuotas y llévate una experiencia fantástica de llevar a tu soledad a conocer nuevos destinos.

Quiero que quede claro que en este artículo no se está satanizando la soledad, pues esta, mis queridos lectores, ha sido la base de distintas creaciones. Fue un día en solitario que pensadores solos y aburridos crearon sistemas filosóficos e inventos que salvaron a la humanidad y le permitieron evolucionar al siguiente nivel. La soledad, como un estado natural del ser humano, es hasta cierto punto necesaria si se busca un equilibrio.

Pero, ¿qué pasaría si el mercado estuviera intentando aislarte artificialmente para que, en la desesperación y el aburrimiento de tus propios vacíos y necesidades emocionales, te convirtieras en el consumidor perfecto por excelencia? ¿Qué tal si te estuvieran dando las herramientas necesarias para crear un consumidor solitario, creado en un entorno hecho de manera ficticia, entorno que se basa en los vacíos y necesidades propias de tus carencias humanas y que viene con nuevos dogmas separatistas, como la búsqueda del "elevado valor personal"?

La soledad artificial de la que te hablo es un aislamiento planificado que evoluciona en tierra fértil porque el ser humano es víctima de sus propias debilidades y el mercado de consumo digital solo encontró ese agujero para entrar a llenarlas, como un buscador de petróleo encuentra el oro negro, así tu soledad alimenta al mercado de consumo. No, nuevamente te digo, en efecto, no te digo que te vuelvas un monje budista y te mudes a la cima del Himalaya, ni que renuncies a los placeres de la evolución digital, ni mucho menos a las ventajas que nos ofrece la misma. Pero sí te digo que tengas un ojo abierto y otro cerrado, y que te detengas un segundo ante de comprar ese sillón de última generación en oferta en Mercado Libre, mientras por primera vez te vuelves consciente de que el poder de compra y decisión siempre fue tuyo. Porque, si entiendes cómo funciona algo, entonces puedes empezar a tener el poder para hackear incluso tu propio cerebro y la toma de tus decisiones.

Y recuerda algo más: no todo lo que brilla es oro, y podría ser que los minutos que invertiste consumiendo contenido en línea te hayan quitado la oportunidad de vivir , de vivir tu propia vida , de vivir tu vida desde su máxima plenitud.


 


Vivimos en el mundo de la sociedad digital “moderna”, tenemos diversas apps para poder conectar entre nosotros, con una sociedad que se encuentra vinculada a través de los lazos virtuales de las distintas herramientas digitales. Y, como bien sabes, este artículo apunta a decir lo que ya se sabe, y es que estamos menos conectados que nunca. Con nuestros smartphones nos movemos por el mundo, pero no conectamos con el mundo porque cada uno de nosotros ha creado un monomundo donde lo más importante es el individuo mismo, promoviéndose así una sociedad solitaria, desvinculada y con exacerbado “amor propio”, suficiente para uno mismo, o mejor dicho, con un alto sentido de egoísmo psíquico estructural, porque vivimos en una sociedad donde importa el individuo más que el entorno.

Desde esa perspectiva, el futuro no parece sonar ciertamente esperanzador. Las personas ahora están conectadas a su soledad, disfrazada de membresías de plataformas de streaming, dándole a su cerebro la dopamina suficiente para engañarlo con un vínculo social artificial. El amor ahora se expresa en listas de Spotify compartidas, y los cafés a la luz de las velas se han perdido; las conversaciones profundas han sido reemplazadas por maratones de series en plataformas como Netflix y el apoyo real por mensajes de WhatsApp. Las personas viven por un buenos días en el  WhatsApp y tienen ataques de ansiedad  por un en línea o en visto o si pierden la conexión digital con los individuos, porque su cerebro vive de la ilusión de la dopamina del vínculo barato. Las plataformas pintan vidas de película, mientras los individuos han dejado de disfrutar las puestas de sol para conseguir el mejor selfie del momento, la mejor fotografía memorable. Ahora no importa la compañía y el momento, sino el post que se puede colgar en Instagram. Las personas no viven para disfrutar, viven para mostrar y, en el proceso, se han desconectado de sí mismos. Sí, tal como lees, paradójicamente la sociedad del amor propio exacerbado está tan sola que incluso está desconectada de sí misma. Y ni qué decir de las herramientas de inteligencia artificial como ChatGPT, que hacen sentir a las personas la farsa de la compañía artificial. Básicamente, están aniquilando al ser humano como persona social, la están orillando al mundo de la soledad digital con algo incluso mucho peor: la desconexión de su propia consciencia, lo que conlleva a la desconexión del verdadero placer del disfrute de la vida, porque si te roban incluso la voz de la consciencia, entonces te apagan como ser humano. Pero mi querido lector yo no estoy aquí para quitarte el placer de tus vínculos baratos , ni mucho menos he venido a prohibirte o darte catedra de conexiones reales, yo mi querido lector solo he venido a ponerte la polémica sobre la mesa, tú decides de que lado estas pero sabes que es lo más paradójico que es justo ese mismo mundo digital el que permite que este escrito llegue hasta ti.

 



Karma’s on your scent like a bounty hunter
Karma’s gonna track you down
Step by step, from town to town


Claro que soy católica de ultranza, pero, así como creo en Dios, creo que existen leyes divinas e inescrutables que rigen el universo. Estas leyes, mi querido lector, son la base sólida de mi buen comportamiento. Digamos que, si ahora soy buena ciudadana y persona, es total y enteramente por respeto a esas leyes.

Sin embargo, debo afirmar también que me remito a mencionar la palabra karma, simple y sencillamente, por el hecho de que mis cuentas con él están saldadas y mantengo el lado de mi calle limpio ("...And I keep my side of the street clean, you wouldn't know what I mean"), sumando karma positivo a mis cuentas.

Entonces, Lorena, ¿por qué no haces cosas malas? ¿Por qué no tomas venganza? No, mi querido lector, no es porque sea buena o porque mi corazón sea el de una santa; es simple y llanamente por el hecho de que he visto al karma trabajar frente a mis propios ojos y, créeme, cuando ves actuar al karma, sabes que no quieres tener deudas pendientes.

Así que yo solo mantengo mi mirada en el futuro, dejando que la vida haga lo suyo, a su ritmo, en su momento. ¿No tienes miedo? You should. Las lágrimas de los inocentes se pagan caro, pero no te preocupes, porque este escrito no es para ti, ¿verdad?

Fui demasiado buena contigo, y eso está bien, porque ese es precisamente el tipo de persona que soy. Tan buena que, mientras me dañabas, te limpiaba las lágrimas de cocodrilo con total compasión. Pero entiendo que eran cuentas que tenía pendientes por los corazones que dañé, y ahora tú tienes las tuyas, porque mis palabras son profecías y mis profecías se cumplen.

Antes el karma me daba miedo; ahora el karma es, como bien lo dijo Taylor en una de sus canciones, un pensamiento relajante. Karma, para mí, es la almohada que me acurruca en la noche. Karma es el agua que resbala por mi cuerpo. Karma es el latte caliente en las mañanas. Karma es la limonada fría que me tomo en un día de calor. ¿No te aterra que para ti no sea eso?

 


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Puedes llamarme escritora pues escribir es una de mis tantas adicciones, en mis libros exorciso demonios y en mis frases escribo sobre el hermoso viaje de la vida, puedes decirme podcaster, en "Despierta Carajo" te despierto de la matrix a partir de mis experiencias personales , valoro por igual seres humanos y momentos pero no soy un libro abierto tengo capítulos censurados. En esta página comparto mi trabajo personal e intelectual. Pues hablo a través del corazón de mis escritos. Mi bandera vital es la pasión y el corazón en absolutamente todo lo que hago. Te invito a disfrutar un poco de este mundo pasa siéntate y ponte cómoda o cómodo según sea el caso, es tiempo de que te sumerjas en esta pequeña parte de mi mundo personal que abro para ti con mucho cariño.

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