Mientras escribo este artículo, escucho una de las canciones más famosas de Michael Jackson, “Billie Jean”. En este escrito
no te voy a hablar de la carrera musical de MJ, ni de los grandes hits, ni de
la enorme fanaticada que ha generado y seguirá generando con el paso de los
años. No te hablaré del fenómeno como tal, porque de eso no nos queda la menor
duda. En este artículo no cosificaré a MJ como medio planeta lo hizo mientras
estaba vivo, como su propia familia lo hizo, sino que te daré una mirada humana
del ídolo.
Quiero que veas al niño solitario, con alta
sensibilidad, que creció rodeado de personas que no alcanzaban a comprender su
genialidad. Detrás del ídolo existía un ser humano inocente que podía transformar
las emociones y experiencias en canciones. Quiero que hablemos del ser humano
detrás de la estrella del pop. Pocas personas parecían notar a un pequeño niño que creció
con ideas de perfección en su cabeza tan grandes que marcaron su adultez.
Más allá del escenario había un ser humano que conectaba con los animales a otro nivel
y podía ver en ellos a amigos y compañeros leales que la vida no le dio. Quiero
que hablemos del ser humano que, en vez de convertirse en una víctima, se
transformó en una leyenda. Quiero que veas al niño juguetón capaz de hacer
música mientras canalizaba emociones universales. Quiero que, en este artículo,
nos olvidemos de lo famoso que era y nos sentemos junto a él solo para
escucharlo y verlo ser un niño con emociones genuinas.
En este artículo quiero invitarte a entrar en
las emociones de un niño pequeño que, desde temprana edad, debió estar tras los
reflectores, rodeado de un conjunto de personas que podían sentir las letras de
sus canciones, pero no sentirlo a él. Él podía sentir al mundo de una manera
que a veces dolía y otras veces lo extasiaba. Él conectaba con algo más allá
del todo. Él podía ver más allá de lo material. Él podía leer corazones, él
podía tocar esos corazones.
Quiero
que, por una vez, podamos ver más allá de las letras, más allá de la melodía,
más allá de lo que él era capaz de hacernos sentir. Quiero que veamos su
altruismo, su sensibilidad humana. Detrás del ídolo había un ser humano que no era perfecto, pero era demasiado humano para la raza humana. Pues ese
hombre era capaz de percibir el sentimiento humano y conectar mientras las personas solo corrían
a tomarse fotos con él y pedirle autógrafos. Estoy segura de que él también
quería ser visto al menos una vez. Por eso, hoy, en este artículo, te invito a
abrazar al pequeño niño que habita en cada una de las canciones de Michael Jackson, pero también a sus demonios, y
te invito a dar una mirada más allá del ídolo.
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