Es curioso cómo te alejas de una persona solo porque sabes que esta puede ocasionar un incendio en todo tu ser, o que un solo roce subiendo la escalera de un gimnasio puede moverte hasta el alma, o el simple hecho de verlo sonreír al saludarte al cruzar la calle hace que tirite tu alma entera. Pero entonces, de pronto, están besándose, recorriendo los pasillos de algún edificio gubernamental, mientras le preguntas por las golosinas que lleva en el bolsillo y te dice que las ganó en un conjunto de juegos con sus sobrinos, y le repreguntas una y otra vez por ello hasta que él te mira y te dice: ¿estás celosa? No respondo yo, y empezamos a correr los pasillos, escondiéndonos del mundo, mientras por primera vez nuestras manos se rozan de manera accidental, nos tomamos de la mano y es entonces cuando finalmente, en medio de un pasadizo de granito, abajo del sótano de las pinturas más valiosas del gobierno, me besas, y por primera vez puedes sentir cómo es un fuego intenso. ¡Ardes!, me dices, y nos volvemos a besar infinitamente, intentando absorber nuestra alma en cada beso. Me coges de la mano con más fuerza y me arrastras hacia tu cuerpo de la manera más voraz mientras caminamos a ciegas entre besos. Hemos llegado al fondo del pasadizo y allí, tú y yo, debajo de las escaleras, empezamos a quitarnos lo que estorba: la ropa, pero mientras nos besamos intuimos que la moral nos gana, no podemos, no es correcto, alguien puede encontrarnos en cualquier momento, no podemos, pero nuestras manos sudan. Me sudan las manos, te digo, estoy temblando, y me sigues besando el cuello con el ímpetu de un hombre lleno de fuego en el alma, y te sigo besando con el ímpetu que solo una mujer en celo puede expresar, y te sacas la camisa y por primera vez veo el fuego de la incineración en nuestras miradas. Cuando lleguemos a casa te haré infinitamente mía, me dices mientras me das un beso en el rostro y te la vuelves a abotonar al escuchar unos pasos bajar las escaleras. De pronto despierto en mi cama y me pregunto cómo rayos te metiste de ese modo en mi cabeza.
Es curioso cómo te alejas de una persona solo porque sabes que esta puede ocasionar un incendio en todo tu ser, o que un solo roce subiendo la escalera de un gimnasio puede moverte hasta el alma, o el simple hecho de verlo sonreír al saludarte al cruzar la calle hace que tirite tu alma entera. Pero entonces, de pronto, están besándose, recorriendo los pasillos de algún edificio gubernamental, mientras le preguntas por las golosinas que lleva en el bolsillo y te dice que las ganó en un conjunto de juegos con sus sobrinos, y le repreguntas una y otra vez por ello hasta que él te mira y te dice: ¿estás celosa? No respondo yo, y empezamos a correr los pasillos, escondiéndonos del mundo, mientras por primera vez nuestras manos se rozan de manera accidental, nos tomamos de la mano y es entonces cuando finalmente, en medio de un pasadizo de granito, abajo del sótano de las pinturas más valiosas del gobierno, me besas, y por primera vez puedes sentir cómo es un fuego intenso. ¡Ardes!, me dices, y nos volvemos a besar infinitamente, intentando absorber nuestra alma en cada beso. Me coges de la mano con más fuerza y me arrastras hacia tu cuerpo de la manera más voraz mientras caminamos a ciegas entre besos. Hemos llegado al fondo del pasadizo y allí, tú y yo, debajo de las escaleras, empezamos a quitarnos lo que estorba: la ropa, pero mientras nos besamos intuimos que la moral nos gana, no podemos, no es correcto, alguien puede encontrarnos en cualquier momento, no podemos, pero nuestras manos sudan. Me sudan las manos, te digo, estoy temblando, y me sigues besando el cuello con el ímpetu de un hombre lleno de fuego en el alma, y te sigo besando con el ímpetu que solo una mujer en celo puede expresar, y te sacas la camisa y por primera vez veo el fuego de la incineración en nuestras miradas. Cuando lleguemos a casa te haré infinitamente mía, me dices mientras me das un beso en el rostro y te la vuelves a abotonar al escuchar unos pasos bajar las escaleras. De pronto despierto en mi cama y me pregunto cómo rayos te metiste de ese modo en mi cabeza.
Los tiempos han cambiado, la sociedad ha
evolucionado o involucionado según sea el caso; las redes sociales te saltan
con sus alertas y, de pronto, mientras estas sentado en el escritorio de tus
humanas tareas, te salta una notificación con una publicación, y es alguien
intentando atrapar tu atención con una nueva expresión superficial de su
ostentosa e irreal vida. Entras, observas y, de pronto, no sabes como o bajo
que circunstancia el minuto se convirtió en media hora o en una hora; los
videos cortos han robado tu atención y te has convertido en un consumidor
digital más, y, aunque en ese momento no lo notas, lo cierto es que acabas de
pagar esa distracción con el precio más alto dentro de un presupuesto que ni
siquiera sabias que tenias: has sacado de tu bolsillo monedas de tu valiosa
atención y las has tirado a la basura.
Ver la ultima publicación te quitó el enfoque
y, de pronto, terminas distraído de ti mismo o, ¿tal vez tu vida es tan
miserable que debes escapar al mundo digital para fumarte un poco de dopamina y
volver al ruedo?
En esta constante evolución social, tu
atención es, por poco, lo que menos te pertenece; esta atrapada, secuestrada,
adoctrinada por el algoritmo de la sociedad digital. Eres un consumidor más en
un mundo que se mueve por likes y reacciones; eres un esclavo atrapado en el
scrolling de tu propia monotonia, y somos nosotros, los creadores de contenido,
quienes curiosamente nos beneficiamos de esos agujeros en tu presupuesto de
atención. Si llegaste hasta el final de este corto articulo, gracias por
pagarme con la moneda mas valiosa; después de todo, como dice un dicho, si no
puedes contra ellos, únete. Hagamos una tertulia virtual y hundámonos en el
suculento placer de la dopamina digital, demonos likes, observémonos, pero no
sucumbamos a la debilidad de la aprobación social; en medio del bullicio,
preserva tu centro; en medio de la lluvia de superficialidad, vuelve a ti y
recuerda que tu vida aún importa y que, después de todo, solo es
entretenimiento, y si hay que saber estar y no estar, no te pido renunciar
porque esta nueva sociedad es irrenunciable, pero el truco real es dosificar.
Salud, mi querido lector, ¿te sirvo otra copa de aprobación o tal vez una
copita de dopamina? La casa invita.
Sólo escribo sobre lo que me toca, sólo escribo sobre lo que me duele, lo que me hace feliz, lo que me extasía, lo que me maravilla, lo que me inspira o lo que me atemoriza. Y hoy escribo sobre él.
Es curioso que la noticia de su muerte me haya tocado de esta manera, si lo único que tengo de él son sus libros.
De pronto escuchas: “Son las 10:09 de la mañana y tenemos el triste deber de informar del fallecimiento, hace más de una hora, de Alfredo Bryce Echenique”, y entonces piensas: se murió.
Y lo primero que recuerdas son los libros que leíste.
Entonces recordé mi infancia, con sus libros entre mis piernas mientras sostenía un chupetín en mi boca, en una tarde en que el sol entraba por mi ventana y yo devoraba, con mi mente hambrienta, El huerto de mi amada: esa expresión del amor casi obsesivo de Carlitos, perdidamente enamorado de Natalia, una mujer mucho mayor que él, en medio de la decadencia de la aristocrática sociedad limeña de antaño.
O la primera vez que llegó a mí su libro La amigdalitis de Tarzán y, sólo viendo el título, pensé que el autor era un bromista de mal gusto que, casualmente, despertaba mi curiosidad. Y terminó envolviéndome con la historia de amor que narraba.
Y ahora ya no está. Ya no podrá crear ni escribir más. Ya no tendremos cosas originales de él.
Pero entonces eres consciente de algo más, como una enorme revelación: un escritor es inmortal.
Las personas que crean cosas desde el sentimiento son inmortales, porque pueden ser leídas e interpretadas hasta el fin de los tiempos. Su alma queda impresa en sus obras; en el caso de los escritores, en los libros.
Sólo los seres humanos capaces de sentir en tal magnitud son capaces de plasmar obras que los sobrevivirán en el tiempo.
Y entonces mi tristeza se disipa para convertirse en esperanza y, en medio del shock de la noticia, pienso que tal vez, sólo tal vez, debo volver a leer una vez más Un mundo para Julius y recordar la gran capacidad de este escritor para retratar, de manera casi radiográfica, los matices de la sociedad limeña y las brechas sociales entre sus personajes, saboreando cada una de sus palabras como si él aún estuviera entre nosotros.
Porque lo cierto es que eso es verdad: él no ha muerto, sigue aquí.
Y entonces, sólo entonces, comprendo que esa es la misión de un escritor: sobrevivirse a sí mismo a lo largo del tiempo y que alguien —o muchas personas— algún día cojan su libro y piensen, y entiendan, y se metan, o al menos intenten meterse por un momento en el mundo creado para el lector.
Sólo tengo que decir: gracias y hasta pronto, querido Bryce.
La mujer más poderosa es una mujer completa que acepta todo de si y no necesita permiso de nadie ,aquella que está conectada consigo misma desde el interior. Es aquella capaz de encontrar su propio valor y reconocerlo sin llegar a la comparación. Es la mujer que, sin lugar a dudas, sabe que su mayor poder viene de la suavidad, el descanso y el placer. La mujer más poderosa no es la que sobrevive, es la que disfruta. No es la que compite en el mundo de los hombres, sino la que los apoya. La mujer más poderosa irradia paz y compasión; no vive en guerra con el mundo ni en lucha constante. Es una mujer llena de amor y compasión. La mujer más poderosa es intuitiva: no pide respeto, lo recibe.
La mujer más poderosa es abundante no vive bajo las reglas del mundo, sino bajo sus propias reglas. Es la mujer que ha logrado liberarse de las cadenas de la condenación, la religión y la culpa. La mujer más poderosa es aquella que se reconoce esencial, valiosa y, al mismo tiempo, complementaria. Ella reconoce que es auténtica y tan única y especial como otros seres en el planeta. La mujer más poderosa es capaz de amar y entregar desde lo más profundo de su corazón y con la mayor pureza del planeta. La mujer más poderosa no lee manuales de autoayuda; ella es su propio manual. La mujer más poderosa actúa según las formas de su corazón y es amada y vista por ser auténtica.
La mujer más poderosa respeta su cuerpo como el mayor templo del planeta. La mujer más poderosa comprende que este cuerpo es suyo y ha de cuidarlo, amarlo y respetarlo, pues será este el que la acompañe hasta el final de sus días. La mujer más poderosa elige desde la intuición despierta y comparte su energía sexual solo con la persona que considera digna de ella. La mujer más poderosa ve a su cuerpo como un templo sagrado, único e invaluable. La mujer más poderosa acepta y atesora su sexualidad y la vive desde una consciencia libre y autónoma; se reconoce plenamente como un ser sexual y lo disfruta.
La mujer más poderosa cuida de su alma desde una conexión profunda con su divinidad y la naturaleza de su ser. Ha aprendido a escucharse y a escuchar. La mujer más poderosa es capaz de permanecer en calma en medio de la tormenta porque comprende que es parte de algo mucho más grande. La mujer más poderosa sabe y reconoce que vive en un mundo de amor y que todo obra siempre por un bien mayor y más grande. La mujer más poderosa es aquella que acepta y valida cada una de sus partes. Es aquella que se ama y valora tanto como puede amar y valorar a otros seres en el planeta, no desde un narcisismo exacerbado, sino desde la consciencia del merecimiento. La mujer más poderosa es agradecida, pacífica, amable y humilde, y al mismo tiempo transformadora y catalizadora. La mujer más poderosa es capaz de transformar el mundo con un susurro y una mano suave, sin gritar ni reclamar. La mujer más poderosa es amor puro en su máxima expresión.
Este artículo va para los amantes de la buena música. Descubrí esta banda
con un tremendo potencial en el año 2016, o tal vez 2017. La primera vez que
las escuché debo decir que fueron como un susurro suave en mis oídos, de esos
susurros que te dan cerquita al oído y te escarapelan la piel. Luego las notas
y los acordes hicieron vibrar los vellos de mi piel y finalmente me
conquistaron con su canción Affection.
Ahora vamos a la música en sí. Cada oyente
tendrá sus propias percepciones; sin embargo, para mí, Cigarettes After Sex es
sexo. La banda huele a sexo: sexo rudo, sexo húmedo y sexo salvaje, pero
también sexo dulce, sexo tierno, erotización de la más pura calidad. La banda
huele a fluidos y es un roce condenatorio que te hace resbalar por los
barrancos de la depravación y acaricia suavemente tus valores para quebrarlos
mediante el arte de la fascinación y la seducción. Algunas de sus canciones
suenan coquetas y otras juegan con tus oídos como una mujer coqueta
susurrándote, como el canto de las sirenas, atrayéndote lentamente a la caricia
pecaminosa del placer.
Siempre consideré a esta banda mi placer
secreto, mi espacio personal, mi algo que no compartía con nadie. Hasta que sus
canciones empezaron a viralizarse y la banda a hacerse conocida. Entonces
Cigarettes llegó al mundo. Recuerdo que la primera vez que vinieron a Lima,
allá por el año 2018, tocaron en una pequeña sala de Barranco. No, no pude ir
al concierto, o no tuve el valor de ir sola; y por aquellas épocas era bastante
cobarde. Mi mayor revolución era la música que escuchaba y el sexo. Supongo que
hay maneras de rebelarse, ¿no?
Entonces, mi querido lector, si quieres una
banda seductora, orgásmica, deliciosa y rica como un beso dulce; si quieres
erotizarte románticamente y pecaminosamente mientras juegas con las sensaciones
del amor, Cigarettes es la banda para ti.
Todo empezó con un perfume, tal vez no lo sabes, mi querido lector, pero mi
debilidad son los perfumes. El año empezó con una obsesión casi brutal por la
búsqueda de lo que yo denominaría “mi aroma”. Necesitaba encontrar el perfume
justo que pudiera reflejar quién soy. Estaba obsesionada con la búsqueda;
quería algo nuevo que reflejara mi esencia y pasé por Prada, Chanel, Narciso
Rodríguez e incluso Tom Ford. Hasta que finalmente lo encontré, o al menos eso
pensé: un perfume que pudiera reflejar mi personalidad, L'Interdit, una icónica
fragancia femenina. La verdad, te soy honesta, no tenía ni la menor idea de lo
que significaba el nombre en francés; sin embargo, cuando rozó mi piel pensé
que esa, esa podría ser mi fragancia y descubrí que había sido creada para
Audrey Hepburn, un perfume que simboliza la audacia y la transgresión de las
normas y cuyo nombre proviene, según información vertida en internet, del hecho
de que Audrey habría prohibido a la casa Givenchy la comercialización del
mismo.
Pero este artículo no es sobre un perfume, no,
es sobre la búsqueda, la búsqueda de algo que capte nuestra esencia. Cuando
eres tantas cosas al mismo tiempo, incluso encontrar un perfume que te defina
se torna una tarea fantásticamente tortuosa para la nariz. Cuando llegué a casa
y la usé descubrí que era demasiado floral para mi gusto y la arrimé en algún
punto de mi armario.
Pero luego de un mes decidí darle una
siguiente oportunidad y aquí estamos, el perfume y yo intentando descubrir:
¿Quién soy? ¿Acaso soy la chica del perfume floral amaderado intenso, o soy la
mujer de Opium o Narciso Rodríguez debe ser parte de mi armario? Entre tanto,
vuelvo a escribir y a encontrarme con mis emociones.
Supongo
que el perfume perfecto para mí debe tener una nota de hierbas afrodisíacas, un
toque de licor entre sus notas, un toque a brisa marina, un algo amaderado, una nota de flores; tal vez
le podemos poner una mezcla de fresas y finalmente debe dejar ese aire de
frescura de sandía y misticismo de conjuros, pero al mismo tiempo dejarte con
las ganas de más. Aún no lo encuentro y he renunciado a la búsqueda; mientras
tanto, llevo puesta encima la mejor esencia: yo misma.
Ya pasaron seis años y, aunque imaginé que estaría por siempre sumergida en
una bruma de dolor, pasaron cosas en mi vida. Aunque mi corazón aún pertenece
adonde pertenece, entiendo que debo seguir. Pasarón cosas . Elegí mal, sí, pero me salvó mi
corazón. Mi niña interna se asustó y se recluyó un poco; la mujer tuvo que
salir en su defensa, tuve que despertar a la Lorena del 2015 que dormía.
Me gustó alguien en el gym. Sus ojos eran hermosos,tenía una historia
triste. Alerta de spoiler: cambié mi horario en el gym. Lloré y sentí. Odié. Me
maravillé. Me reí. Dejé de sentir. Vi una película completa en el cine y no
pude siquiera mostrar una sonrisa real; todas fueron falsas.
Conocí personas que aman lo superficial. Fingí que era como ellas; a veces
tienes que pretender, o tal vez simplemente también tengo un lado frívolo. Comí
pizza con mis estudiantes; sí, aún sigo en ese trabajo. Conocí España y me
enamoré de Colombia. Me regalaron la bicicleta que tanto quería. Vi un perro
que se parecía mucho a Edu; veo uno o dos cada dos años.
Me volví más fuerte. Tuve que despertar un poco de la Lorena del pasado , sí
eso ya lo dije; era eso o nada. Escribí un libro, se llama “Vete a la
mierda” otro día te cuento de que va el libro. Amé disfrazarme de Caperucita para la portada del libro. No, ese libro no es para ti, tú ya
tienes tu libro y siempre será tuyo, a veces una brisa de ti viene a mí, pero este escrito no es sobre ello.
Me sigo convenciendo de que debo seguir adelante, así que tomé clases de
baile en el tubo; o sea, hice pole dance. Creo que no soy muy buena en eso; el
tubo resbala. Pero sí soy buena en el dance floor; creo que allí está mi
talento, aparte de escribir, por supuesto.
Creo que soy mi mejor amiga. Se me declararon, fui cortés dije no, mi corazón es terco
y seguí adelante. Creo que no se puede mandar sobre el corazón. Descubrí más
sobre mis orígenes; resulta que soy una especie de híbrido entre el bien y el
mal.
Aprendí a amarme una vez más. Descubrí que soy una especie de mariposa
voladora; a veces me aburro de volar, pero también me aburre estar en un solo
lugar. Volví a escuchar a Taylor. Encontré una canción que pudo hacer latir mi
corazón otra vez. Ahora estoy atravesando una especie de neutralidad emocional.
Creé mis propias mariposas de papel y las pegué en el espejo de mi habitación. Hablo más con mi madre. Aún hay cosas
que debo trabajar en mi interior, pero estoy entendiendo que la perfección espiritual es una
trampa, y ahora solo tengo que decir que este año fue, sinceramente, bastante
emocionante.
No sé si fueron sus ojos, la forma en que su
mirada irradiaba luz cuando me veía; no sé si era la sensación de su presencia
en medio de las pesas. No diría que era un hombre de pelo en pecho musculoso y
de un metro noventa; era más bien el tipo de esencia que viene en frasco
pequeño. Tampoco sé si fue la triste historia que me contó sobre su vida
amorosa mientras nos engullíamos un trozo de pizza, en medio de las luces de
una cafetería vintage. No sé si mi corazón despertó cuando entendí el dolor de
su pérdida y supe que él no volvería a amar como amó a esa mujer, porque yo
tampoco volvería a amar como amé a ese hombre. No sé si fue porque yo
entendiera el dolor de su duelo también. Me hubiera gustado decirle un par de
cosas sobre los amores que se fueron; tal vez debí avisarle que por un tiempo
la buscaría en otros rostros y en otros aromas, pero nunca sería ella, y cuando
finalmente se diera cuenta empezaría a sanar, cuando finalmente se diera cuenta
de que nunca volvería a amar igual.
No sé si fue su amor por la música clásica o el
eco aburrido de su afición por Les Luthiers y la forma apasionada como me
hablaba de ellos; no sé si fue su gusto casi tragicómico por la salsa; no sé si
fue el potencial que vi en él en medio de sus deudas emocionales y financieras; no sé si fue porque creí ver un corazón hermoso
golpeado por la partida inesperada de un amor, o si simplemente fueron sus ojos
dulces, los que me intrigaron, los que me apasionaron, los que despertaron al
demonio sexual en mí y al ángel comprensivo de mi propia alma. No sé si fue mi
sensible corazón. No lo sé.
En fin, mi querido lector, no sé qué rayos me
pasó o qué copa de cáliz envenenado me tomé para ver en ese hombre a mi
papasito; pero debo admitir que amaba la sensación de su presencia en medio de
las pesas y los pesos pesados del gimnasio, hasta que finalmente supe que tenía
que terminar de escribir un libro que traía pendiente. De algún modo, se
convirtió en una especie de muso inspirador para terminar de escribir “Vete
a la mierda” mientras lo veía cruzar la pista a través de los grandes
ventanales del gimnasio. Pero como bien dice la canción, “Todo tiene su
final…”, aunque "papasito" siempre le pertenecerá, incluso cuando todo en mi
corazón haya terminado.
Este libro no busca que seas una versión más dócil de ti misma.
No intenta convencerte de perdonar a quien no se disculpó, ni de entender a quien intento destruirte.
“Vete a la mierda” es un viaje emocional hacia la claridad y la dignidad.
Aquí encontrarás capítulos que te harán reír, enojarte, llorar y despertar.
Es un espejo incómodo y necesario para toda mujer que alguna vez se perdió amando demasiado, justificando lo injustificable, o intentando salvar a quien solo quería dominarla.
Cada página está escrita para devolverte el poder que entregaste por amor, por miedo o por culpa.
A través de reflexiones crudas, humor negro y momentos de vulnerabilidad honesta, este libro te enseñará a:
Reconocer las dinámicas tóxicas sin romantizarlas.
Sanar tu autoestima sin disfrazar tu rabia.
Aprender a soltar sin perder tu brillo.
Y, sobre todo, a decir no sin pedir perdón.
Este libro no te promete calma inmediata, pero sí una libertad real.
Te acompañará en esa transición en la que dejas de ser la versión que todos aplaudían, para convertirte en la que finalmente elige su propia paz, aunque eso signifique mandar a más de uno… exactamente adonde pertenece.
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Puedes llamarme escritora pues escribir es una de mis tantas adicciones, en mis libros exorciso demonios y en mis frases escribo sobre el hermoso viaje de la vida, puedes decirme podcaster, en "Despierta Carajo" te despierto de la matrix a partir de mis experiencias personales , valoro por igual seres humanos y momentos pero no soy un libro abierto tengo capítulos censurados. En esta página comparto mi trabajo personal e intelectual. Pues hablo a través del corazón de mis escritos. Mi bandera vital es la pasión y el corazón en absolutamente todo lo que hago. Te invito a disfrutar un poco de este mundo pasa siéntate y ponte cómoda o cómodo según sea el caso, es tiempo de que te sumerjas en esta pequeña parte de mi mundo personal que abro para ti con mucho cariño.
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