Limites

 


Poner límites no rompe vínculos, evidencia la verdadera naturaleza de los mismos.

Se ha romantizado el hecho de que las personas deben arrastrar con los problemas de los demás; mientras más cargues con la basura de tu entorno, eres más valioso. El sacrificio se ha romantizado a extremos impensables, pero ¿dónde empiezan tus necesidades y dónde termina tu disponibilidad para los demás? Te tengo una buena noticia: las personas que verdaderamente valen la pena son aquellas que, incluso cuando tengas límites claros, saben respetarlos y mantenerse a tu lado. Aprender a decir NO es un acto de libertad personal ejercible por tu propio bienestar.

Poner límites no nos convierte en seres indiferentes a las necesidades sociales, poner límites no daña a las demás personas, protege nuestro bienestar y nos vuelve mucho más productivos. Cuando sabes preservar tu bienestar y salud mental, cuando no te saturas con la basura emocional de tu entorno, es cuando te vuelves mucho más afilado en la toma de decisiones e incluso puedes ayudar de manera más eficiente a las personas que lo necesiten.

Muchas personas no colocan límites para no ser abandonadas, pero lo cierto es que la primera persona a la que abandonas es a ti misma, justo para satisfacer las necesidades de los demás. Ello, en tu interior, se va convirtiendo en resentimiento, y lo peor de todo es que empiezas a pensar que todas esas personas te deben algo y, cuando no recibes algo a cambio, te decepcionas. Pero lo cierto es que nadie te debe nada y, si vives al servicio de los demás esperando reconocimiento o resarcimiento, lo único en lo que te estás convirtiendo es en una bola de favores sin retorno que te generará mucho resentimiento.

Este artículo te exhorta a aprender a decir no, a renunciar a planes a los que no quieres ir y a ausentarte de amistades y situaciones que no te generan algo positivo; y si tu temor es que tus límites hagan que pierdas algo, lo único que harán estos límites será revelar la verdadera naturaleza de tus vínculos. Solo las personas que se beneficiaban de tu falta de límites y te usaban se alejarán; los verdaderos vínculos seguirán manteniéndose saludables y respetuosos. Así que, mi querido lector, aprende a decir no, no quiero, no puedo, no me da la gana y disfruta del mundo de la libertad de poner límites.

 


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