Poner límites no nos convierte en seres
indiferentes a las necesidades sociales, poner límites no daña a las demás
personas, protege nuestro bienestar y nos vuelve mucho más productivos. Cuando
sabes preservar tu bienestar y salud mental, cuando no te saturas con la basura
emocional de tu entorno, es cuando te vuelves mucho más afilado en la toma de
decisiones e incluso puedes ayudar de manera más eficiente a las personas que
lo necesiten.
Muchas personas no colocan límites para no ser
abandonadas, pero lo cierto es que la primera persona a la que abandonas es a
ti misma, justo para satisfacer las necesidades de los demás. Ello, en tu
interior, se va convirtiendo en resentimiento, y lo peor de todo es que
empiezas a pensar que todas esas personas te deben algo y, cuando no recibes
algo a cambio, te decepcionas. Pero lo cierto es que nadie te debe nada y, si
vives al servicio de los demás esperando reconocimiento o resarcimiento, lo
único en lo que te estás convirtiendo es en una bola de favores sin retorno que
te generará mucho resentimiento.
Este
artículo te exhorta a aprender a decir no, a renunciar a planes a los que no
quieres ir y a ausentarte de amistades y situaciones que no te generan algo
positivo; y si tu temor es que tus límites hagan que pierdas algo, lo único que
harán estos límites será revelar la verdadera naturaleza de tus vínculos. Solo
las personas que se beneficiaban de tu falta de límites y te usaban se
alejarán; los verdaderos vínculos seguirán manteniéndose saludables y
respetuosos. Así que, mi querido lector, aprende a decir no, no quiero, no
puedo, no me da la gana y disfruta del mundo de la libertad de poner límites.
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