Vivimos en el mundo de la
sociedad digital “moderna”, tenemos diversas apps para poder conectar entre
nosotros, con una sociedad que se encuentra vinculada a través de los lazos
virtuales de las distintas herramientas digitales. Y, como bien sabes, este artículo
apunta a decir lo que ya se sabe, y es que estamos menos conectados que nunca.
Con nuestros smartphones nos movemos por el mundo, pero no conectamos con el
mundo porque cada uno de nosotros ha creado un monomundo donde lo más
importante es el individuo mismo, promoviéndose así una sociedad solitaria,
desvinculada y con exacerbado “amor propio”, suficiente para uno mismo, o mejor
dicho, con un alto sentido de egoísmo psíquico estructural, porque vivimos en
una sociedad donde importa el individuo más que el entorno.
Desde esa perspectiva, el futuro
no parece sonar ciertamente esperanzador. Las personas ahora están conectadas a
su soledad, disfrazada de membresías de plataformas de streaming, dándole a su
cerebro la dopamina suficiente para engañarlo con un vínculo social artificial.
El amor ahora se expresa en listas de Spotify compartidas, y los cafés a la luz
de las velas se han perdido; las conversaciones profundas han sido reemplazadas
por maratones de series en plataformas como Netflix y el apoyo real por
mensajes de WhatsApp. Las personas viven por un buenos días en el WhatsApp y tienen ataques de ansiedad por un en línea o en visto o si pierden la
conexión digital con los individuos, porque su cerebro vive de la ilusión de la
dopamina del vínculo barato. Las plataformas pintan vidas de película, mientras
los individuos han dejado de disfrutar las puestas de sol para conseguir el
mejor selfie del momento, la mejor fotografía memorable. Ahora no importa la
compañía y el momento, sino el post que se puede colgar en Instagram. Las
personas no viven para disfrutar, viven para mostrar y, en el proceso, se han
desconectado de sí mismos. Sí, tal como lees, paradójicamente la sociedad del
amor propio exacerbado está tan sola que incluso está desconectada de sí misma.
Y ni qué decir de las herramientas de inteligencia artificial como ChatGPT, que
hacen sentir a las personas la farsa de la compañía artificial. Básicamente,
están aniquilando al ser humano como persona social, la están orillando al
mundo de la soledad digital con algo incluso mucho peor: la desconexión de su
propia consciencia, lo que conlleva a la desconexión del verdadero placer del
disfrute de la vida, porque si te roban incluso la voz de la consciencia,
entonces te apagan como ser humano. Pero mi querido lector yo no estoy aquí
para quitarte el placer de tus vínculos baratos , ni mucho menos he venido a
prohibirte o darte catedra de conexiones reales, yo mi querido lector solo he
venido a ponerte la polémica sobre la mesa, tú decides de que lado estas pero sabes que es lo más paradójico
que es justo ese mismo mundo digital el que permite que este escrito llegue hasta
ti.
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