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Esta muy de moda entre la horda de adolescentes la palabra “migajero” o “migajera”, según sea el caso, haciendo alusión a animales como las palomas que se alimentan de migajas. Bien, este artículo está hecho para contarte que, contrario a lo que muchos terapeutas y psicólogos afirman, ser migajero tiene muchos beneficios; y ya sabes que yo terapeuta no soy, así que mucho cuidado con lo que voy a verter en este artículo.

Para poder entender los beneficios, haremos dos clasificaciones: el repartidor de migajas y el recolector de migajas, o bien llamado “migajero”.

Definitivamente, los beneficios para el repartidor o repartidora de migajas son muchos, pero citaré algunos de los más importantes. Primero, le subirás el ego a niveles estratosféricos; en otras palabras, si antes de conocerte era un renacuajo de estanque, ahora se sentirá el dueño del estanque todopoderoso. Segundo, el efecto será bastante opuesto a lo que buscas, pues el repartidor de migajas empezará a sentir que, si tiene una paloma migajera, entonces debe ser mucho y puede conseguir muchas palomas migajeras más. Tercero, le darás una muy buena anécdota para contar en sus noches de amigos, algo así como: “¿Te acuerdas cuando fulanita o fulanito vino a rogar debajo de mi balcón con un cartel que decía ‘te amo’?”, y todos sus amigos podrán reírse gracias a ti. Cuarto, y esto sí es bueno, definitivamente te volverás inolvidable por ser la migajera más intensa, pero no por eso la más deseable.

Pero no te preocupes, tú también obtendrás beneficios de ser migajera. Tu mayor beneficio es que será como una vacuna antimigajas: mientras más migajees por alguien, no te quedarán ganas de volver a hacerlo por otra persona. El otro beneficio es que no te quedarás con ganas y no sentirás que dejaste algo pendiente, porque lo diste todo; y cuando realmente ya no queden migajas que recoger en el piso, te irás feliz y, con suerte, dejarás de ser una palomita migajera. Y el tercer beneficio es que tú también, cuando el tiempo pase, podrás contar tus hazañas migajeras entre tus amistades y, con suerte, reírte de tus tiempos de palomita migajera.

Yo no te diré que no lo hagas; ve y hazlo, y disfruta tu época de migajera. Con suerte, con el tiempo verás el ridículo que hiciste por un sapo en el estanque, pero lo importante es que lo hiciste por amor.

 


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