Mi querido lector, como habrás podido notar, si eres un
asiduo seguidor de los escritos de esta página, no soy una escritora
convencional que se mantiene escribiendo sobre el renglón; de hecho, me gusta
mucho salirme por los márgenes, y ello implica que puedo escribir sobre casi
cualquier cosa que se me antoje. Eso no significa, por supuesto, que pueda
escribir a la perfección sobre todo; tengo temas que son mi punto fuerte, sin
lugar a dudas.
Sin embargo, este escrito va orientado a la reflexión
sobre las dinámicas sociales y la conducta humana, uno de mis grandes
apasionamientos, por cierto. Y hoy día diseccionaremos a uno de los personajes que en mi humilde opinión es uno de los más peligrosos de la especie humana. Y es que,
contrario a lo que la mayoría de la gente sospecha, porque usualmente huyen del
tipo tatuado, vestido de motociclista, para caer en manos del hombrecito
vestido de traje y lentes que resulta ser un asesino serial que los aniquilará
a la vuelta de la esquina, hay un tipo de persona que es realmente peligrosa,
nociva y venenosa para la sociedad. Es el tipo de persona que se camufla atrás
de las sombras y se alimenta de la pena como si fuera un parásito. Es
precisamente el tipo de persona del cual el común denominador de la sociedad no
sospecharía; el que parece más indefenso, vulnerable y lleno de miedos. Es el
tipo de persona que se esconde atrás de una historia triste. Es justo el tipo
de persona en la sociedad con la que debemos ser más cautelosos, porque no
existe mejor forma de manipulación y control que provocar pena y conmiseración,
y no existe mejor disfraz que el de la víctima y no hablo de personas que realmente sufrieron y atravesaron esas tormentas hablo de otro tipo de personas.
Sin lugar a dudas, mi querido lector, en algún momento
de tu vida has tenido una etapa de víctima, pero has optado por salir de allí
como un ser humano emocionalmente saludable lo haría. Sin embargo, estas
personas que te menciono se regodean en el rol de víctimas y han descubierto
que pueden sacar provecho de la sociedad y de las personas a su alrededor. Este
tipo de persona se alimenta de la empatía humana, la drena, la chupa, la
convierte en parte de su sustento vital. Es el tipo de persona que busca
irradiar lástima y conmiseración, pero que, debajo de una hermosa piel de
cordero, esconde un lobo sediento de tu sangre vital. Es el tipo de oveja capaz
de atacar a su propio pastor para engullirse al resto del rebaño.
Y sí, es justo este el tipo de persona más peligroso, porque consumirá tus
recursos tanto como pueda y, cuando se acabe la fuente que le ofreces, te
dejará agotado y confundido para ir a buscar otra fuente de recursos. Este tipo
de seres se escabuyen en la sociedad bajo el disfraz de un triste mendigo que
camina en harapos, rogando por tu conmiseración y empatía, para luego entrar y
asaltar tu espacio vital, adueñarse de tus recursos materiales y emocionales y,
si no tienes la suficiente inteligencia emocional, no lo notarás a tiempo.
Pero, si estás leyendo este artículo y conoces a alguien así, huye de ese
lugar, porque esa persona aspirará todas tus fuerzas, tus ganas de vivir, tus
sueños y tu identidad hasta dejar un esqueleto emocional de lo que conoció.
Cuando tu intuición te grite que tienes un lobo disfrazado de oveja en el
corral, huye en medio de la oscuridad y deja abandonada a esa bestia a su
suerte, porque no importa cuánto amor reciba un lobo, siempre será una bestia
que podría atacarte y matarte en medio de la noche, porque esa, mi querido
lector, es su naturaleza.
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