Mujeres Fatal

 



Mucho se habla de los hombres que rompen corazones y matan ilusiones de ingenuas mujeres; mucho se describe a estos seres como malvados, narcisistas, egoístas y manipuladores, o cualquier otra etiqueta que sirva para ponerlos bajo la categoría de malos. Pero poco se ha dicho de las mujeres. ¿Es que acaso las mujeres siempre son unas santas? ¿Es que acaso solo son nuestros congéneres masculinos  los malos de la película en nuestra sociedad? Y, como yo soy muy justa y mi balanza no se inclina solo para un lado, este escrito está dirigido a esas mujeres narcisistas, mentirosas, malvadas, controladoras y manipuladoras que no son lo que parecen y que, a lo largo de la historia, han coexistido con los villanos de la película.

Solo por mencionar algunas de las mujeres malvadas de la historia, empecemos por Dalila, la mujer que logró seducir y traicionar el secreto que Sansón le revelara en medio de la intimidad de la alcoba. Interesada como nadie, Dalila traicionó a uno de los hombres más fuertes de la historia de la Biblia por dinero. Y, si hablamos del mundo de la política, mencionemos a Wu Zetian, la única mujer que gobernó China y que barrió con todo a su alrededor, incluidos sus propios hijos, nietos y familiares, para hacer valer su poder. ¿Dime si eso no es maldad pura? Podría mencionar una lista muy extensa de mujeres malvadas a lo largo de la historia y, muy probablemente, todas compartan el mismo final: la muerte. Pero quiero llegar con esto a lo mismo: en un mundo donde se ataca de manera terrible a los hombres, las mujeres no están exentas de caer bajo sus bajas pasiones; sino, no existirían historiadores que hablaran de los sendos romances de Elizabeth Taylor y cómo cambió de esposos como se cambia de camisa. Y es que, en un mundo que ha demonizado a los hombres y victimizado a las mujeres, es importante aclarar que las mujeres no siempre son víctimas, sino, por el contrario, algunas de ellas supieron muy bien aprovechar su condición para lograr cuanto deseaban, aun a costa de los amantes de turno.

Es, pues, mi querido lector, el encanto de una mujer, en mi opinión, la trampa más letal que puede existir para aquellos hombres que sean tan débiles como para sucumbir a la naturaleza de sus deseos carnales. Un ejemplo es Mata Hari, que, en los fragores de la Primera Guerra Mundial, consiguió obtener información de generales de alto nivel en medio de las peripecias de la alcoba, o eso dicen las malas lenguas, aunque otras personas afirman que ella solo fue un chivo expiatorio. Pero, si dudas de ella, entonces recuerda a Cleopatra. Y si el mito de la belleza cae con ella, porque las mujeres pueden ser lo suficientemente inteligentes y estrategas para lograr lo que hizo la exfaraona egipcia, que logró expandir su imperio mientras seducía y tenía un hijo con Julio César y, tras el asesinato de este, buscó aliarse y seducir a Marco Antonio. En fin, los detalles de la historia los sabes o los puedes investigar. El hecho es que las mujeres no están exentas de maldad, narcisismo, egoísmo o como sea que se les quiera llamar. Las mujeres han demostrado, a lo largo de la historia, el saber cómo moverse en el mundo, y este escrito no es para ensalzarlas, sino para recordarles  que, así como existen “villanos”, también existen “villanas”.

 


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