La moneda más valiosa

 


Los tiempos han cambiado, la sociedad ha evolucionado o involucionado según sea el caso; las redes sociales te saltan con sus alertas y, de pronto, mientras estas sentado en el escritorio de tus humanas tareas, te salta una notificación con una publicación, y es alguien intentando atrapar tu atención con una nueva expresión superficial de su ostentosa e irreal vida. Entras, observas y, de pronto, no sabes como o bajo que circunstancia el minuto se convirtió en media hora o en una hora; los videos cortos han robado tu atención y te has convertido en un consumidor digital más, y, aunque en ese momento no lo notas, lo cierto es que acabas de pagar esa distracción con el precio más alto dentro de un presupuesto que ni siquiera sabias que tenias: has sacado de tu bolsillo monedas de tu valiosa atención y las has tirado a la basura.

Ver la ultima publicación te quitó el enfoque y, de pronto, terminas distraído de ti mismo o, ¿tal vez tu vida es tan miserable que debes escapar al mundo digital para fumarte un poco de dopamina y volver al ruedo?

En esta constante evolución social, tu atención es, por poco, lo que menos te pertenece; esta atrapada, secuestrada, adoctrinada por el logaritmo de la sociedad digital. Eres un consumidor más en un mundo que se mueve por likes y reacciones; eres un esclavo atrapado en el scrolling de tu propia monotonia, y somos nosotros, los creadores de contenido, quienes curiosamente nos beneficiamos de esos agujeros en tu presupuesto de atención. Si llegaste hasta el final de este corto articulo, gracias por pagarme con la moneda mas valiosa; después de todo, como dice un dicho, si no puedes contra ellos, únete. Hagamos una tertulia virtual y hundámonos en el suculento placer de la dopamina digital, demonos likes, observémonos, pero no sucumbamos a la debilidad de la aprobación social; en medio del bullicio, preserva tu centro; en medio de la lluvia de superficialidad, vuelve a ti y recuerda que tu vida aún importa y que, después de todo, solo es entretenimiento, y si hay que saber estar y no estar, no te pido renunciar porque esta nueva sociedad es irrenunciable, pero el truco real es dosificar. Salud, mi querido lector, ¿te sirvo otra copa de aprobación o tal vez una copita de dopamina? La casa invita.



0 Comments